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SOBRE Mí


SCROLL DOWN

SOBRE Mí


Cuando me aventuré a comenzar en otras empresas, quería llevar todo lo que había aprendido acerca de lo que se puede conseguir trabajando en empresas felices. Me había "criado" en una de ellas, por lo que sabía muy bien los resultados tan potentes que se pueden conseguir.

En Infojobs habíamos conseguido el Best Place to Work en 2012, momento de máxima crisis en el que la oferta de empleo brillaba por su ausencia. El principal motivo por el que ganamos ese reconocimiento, justo en uno de los años más duros de su historia, fue esa cultura de la felicidad tan fuerte que creamos en el trabajo.

Cómo sabía a ciencia cierta que este modelo funcionaba, decidí entrar muy fuerte con él en mi nueva aventura empresarial y lo que conseguí fue muy fuerte también… Se pensaron muy mucho si despedirme :(

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Fear is in the air


Fear is in the air


Y es que claro, entré tan fuerte que les asusté. Ellos aún no habían visto lo que se conseguía yendo con este modelo. Lo único que les pasaba por la cabeza cuando yo les proponía cosas era: “este tío trae muchos pájaros en la cabeza”, “yo lo único que quiero es que la empresa prospere y ya vamos por buen camino sin hacer todas estas locuras”, “si vamos por ahí, esto se nos desmadra”, “que no me venga con happycuentos y demás, que yo lo que quiero es que esto funcione”.

Y claro, si estás dirigiendo una empresa que ya está prosperando siguiendo el “modelo clásico” (por llamarlo de alguna forma) para qué te vas a arriesgar a hacer las cosas de otra forma.

Durante un tiempo pensé en tirar la toalla, muchas veces pensaba: pues vale, me ciño a hacer lo que me manden, pongo control, orden y me aseguro de que esto funcione lo mejor posible, si en el fondo para mí es mucho más fácil.

Sin embargo, dentro de mí sabía que si hacía eso, la empresa no llegaría a ser todo lo potente que prometía.

Sabía que ellos también querían que la felicidad fuera la nota dominante en la oficina porque para eso me habían contratado, lo que pasa es que teníamos un gran amigo que estaba acaparando toda la atención en aquel momento: el miedo. El miedo quiere controlar y tenerlo todo atado en corto para asegurarse de que no pasa nada malo. Cuando diriges una empresa que está creciendo a pasos agigantados, ese miedo toma más protagonismo porque claro, soltar y confiar al equipo, la empresa que está creciendo, da miedo. Mucho miedo porque no sabes cómo puede terminar.

Entrar con toda la artillería pesada no había funcionado así que tendría que ir más poco a poco. Y como todo camino empieza por el primer paso, me decidí a dar el mío.

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Primeros pasos


Primeros pasos


Teníamos una empleada que estaba terminando su etapa en la empresa y quería empezar un nuevo rumbo. Quería que la despidiéramos y cómo no era política de empresa y le dijimos que eso no era posible, empezó a cambiar su comportamiento a peor para forzar el despido.

Cuando planteé la situación ante el comité de dirección, la respuesta fue clara: estamos entrando en "guerra" y para cubrirnos las espaldas, hay que darle una carta de amonestación. Normalmente no es una opción que suelo elegir porque por mi experiencia no da buenos resultados y mi modus operandi va por otros derroteros. Sin embargo parecía que la situación iba a requerir de una buena estrategia por lo que esa carta de amonestación, parecía el mejor movimiento posible para ir bien preparados a la batalla.

Reuní a la trabajadora y a su mánager y comenzamos a hablar de que efectivamente se había terminado su etapa en la empresa. Todo iba más o menos bien hasta que saque la carta de amonestación. Cuando se dio cuenta de lo que le estaba dando, se cerró en banda y ya no quiso hablar más conmigo, solo quería hablar con un abogado.

A pesar de que intenté retomar el relativo buen clima generado antes de la carta, no hubo manera así que le pregunté a qué se debía el cambio de actitud. Ella me respondió que la carta de amonestación le había herido y que ya no quería hablar más conmigo en esos términos. Me aseguré de que el único problema fuera la carta y al ver que efectivamente era así, supe que había llegado el momento de dar ese primer paso: le propuse romperla.

Se quedó bastante sorprendida con la propuesta y cuando me vio que empecé a romper mi copia de la carta (ante la cara de estupefacción de su manager), ella me siguió y comenzó a romper la suya. Con los papeles rotos en la mesa, volvimos a hablar y empezamos a buscar formas razonables para ambas partes de resolver el problema: le propuse más flexibilidad horaria para poder ir a entrevistas de trabajo y ella se comprometió a cambiar su actitud y a que su trabajo estuviera hecho.  

Esto que en mi cabeza sonaba muy razonable, no sonó de la misma forma cuando lo conté en el comité de dirección. Digamos que el feedback más bonito que recibí fue: estás loco, cómo se te ocurre hacer eso, no es política de la empresa, ahora lo va a querer todo el mundo y esto va a ser un descontrol… Una conversación la mar de tranquila vaya.

Dejadme que os diga en que terminó el descontrol: le hicimos una carta de recomendación, al cabo de un mes había encontrado trabajo y yo pude continuar con mi palmarés de 0 cartas de amonestación, 0 comités de empresa y 0 juicios.

La empresa se ahorró un despido, horas de abogados, juicios y muuuchos intangibles: malas relaciones con los compañeros que hubieran impactado en el equipo, desgaste de energía entre el tira y afloja de ella y la empresa para que la echáramos, una persona a medio gas que no da lo mejor de ella con el consiguiente coste, posibles bajas, etc.

Al comité de dirección no le quedó más remedio que reconocer que aunque sonaba muy loco, el resultado había sido muy bueno. Así que rompieron mi finiquito y decidieron seguir confiando en mí y en mi manera de hacer.

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Haciendo equipo


Haciendo equipo


Pequeños pasos como estos, dieron lugar a que vieran que es posible hacer las cosas de otra forma y que eso no implica que la empresa acabe como si fuera Sodoma y Gomorra.

Actualmente entre otras cosas, estoy haciendo coaching de equipos (bajo el seudónimo de "dinámicas") dentro de la empresa a algunos departamentos. Invierto unas  10 horas de mi trabajo en cada uno de ellos y, lejos de decirme que si estoy loco y que deje de perder el tiempo en hablar (cosa que me hubieran dicho si lo hubiera planteado nada más entrar), mi jefe me pide que se lo haga a más equipos.

No os voy a engañar, no vivimos en chuchelandia ni aparcamos el unicornio en el parking. Hay situaciones que terminan en despidos, confrontaciones complicadas y decisiones duras que hay que seguir tomando. La relación con los colaboradores no siempre es fácil, hay que trabajar en ella diariamente (igual que en toda relación) pero puedes elegir cómo hacerlo. Nosotros hemos elegido hacerlo sin miedo porque dirigir bajo el mandato del miedo es efectivo pero es cortoplacista. A medio-largo plazo el miedo no construye relaciones de confianza ni de compromiso, que son la  apuesta segura de los mejores resultados.

Si le dices a alguien que cómo no haga el trabajo que le has pedido en el tiempo que le has dicho le vas a despedir, no dudes que lo hará. Sin embargo, lo hará con cero compromiso, sin dar lo mejor de sí mismo y en cuanto pueda se marchará o se cogerá una baja porque estará quemado.

De la otra forma, aunque requiere más tiempo, da muchísimos mejores resultados a medio-largo plazo. La gente feliz y motivada, está mucho más comprometida y enfocada en lo que está haciendo, es más creativa y se le ocurren más ideas para hacer cosas nuevas en el trabajo porque está relajada, contenta y segura. Así que, en lugar de invertir su tiempo en “cuando mi jefe me diga que por qué no he hecho esto en el tiempo que me dijo le voy a decir que es que es imposible y que bla bla bla”; invertirá su tiempo en “esto que estoy haciendo, creo que podría ser más potente si hablo con este otro y le digo que modifiquemos no sé qué cosa…”.

Hay una gran diferencia entre tener a una persona en la empresa en un estado o en el otro. El primero genera miedo, estrés, ansiedad, resta productividad y genera muy mal clima en la oficina. El segundo, es creatividad, plenitud, orgullo, colaboración y felicidad en la empresa. ¿Con cuál quieres quedarte tú?

Si quieres empezar con el primer paso, contáctame y podremos empezar el camino.